Pulsó el botón A. La pantalla se quedó en negro un segundo. Lucas sintió un nudo en el estómago. ¿Había descargado una versión corrupta? ¿Sería en inglés? ¿O peor, en japonés sin traducir?
Los minutos pasaban. Cada barra de progreso se sentía como un partido entero contra el equipo de Zeus. Lucas se ajustó las gafas y se acercó más a la pantalla. No solo quería el juego; lo necesitaba. Quería ver a Endou cantando el himno, quería la supertécnica "La Mano del Universo".
Pero no fue a la cocina. Se quedó sentado ahí, con la consola en las manos, viendo cómo empezaba la historia. El partido contra los Dragones de Fuego. La entrada del equipo Ogro. Todo estaba en sus manos. Había pasado meses buscando esa traducción, sorteando enlaces rotos y falsos promesas en foros, y por fin, lo tenía.
—Por favor, que no sea un virus... —susurró Lucas, con el cursor temblando sobre el enlace.
—¡Ya voy!