Por un momento, el conductor vio al hombre herido y su rostro se mostró sorprendido. Luego, el coche siguió adelante, desapareciendo en la oscuridad.
El hombre suspiró y siguió caminando. No podía darse por vencido. Tenía que encontrar ayuda, y pronto. La herida en la frente comenzaba a dolerle más, y sentía que la fatiga se apoderaba de él.
De vez en cuando, se detenía un momento para apoyarse en la pared y recuperar el aliento. La herida en la frente palpitaba con un dolor sordo, y sentía que la sangre se acumulaba en su ojo, nublándole la visión.